El desafío de ser científico y emprendedor

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Por Javiera Vallejos, BizDev de Start-Up Chile

Sin duda todos hemos escuchado que para el desarrollo socio-económico del país es fundamental el fomento a la innovación y el emprendimiento. En un contexto además de crisis climática, como recientemente se expuso por el informe del IPCC, ser capaz de vincular de forma más efectiva a la innovación científica-tecnológica con el sector productivo, se hace cada vez más indispensable para enfrentar desafíos globales. 

Sin embargo, ser científico y emprendedor puede fácilmente tornarse en un desafío incluso inabordable. Los procesos de investigación y desarrollo parecieran tener una naturaleza contradictoria a la agilidad de un “lean approach” tan propia del emprendimiento startup, y las formaciones en STEM son débiles en el desarrollo de capacidades asociadas al emprendimiento. ¿Cómo ser parte, entonces, de ambos “mundos”? Hay algunas claves que desde la experiencia en el mundo de las startups lifescience podemos compartir (contenido alto en spoilers). 

Si eres científic@ es muy probable que tengas las capacidades técnicas para desarrollar un proyecto de alto impacto para la sociedad. Tu área de expertiz puede llevarte a desarrollar soluciones para un uso más eficiente de los recursos hídricos, convertir desechos industriales en un material de utilidad, disminuir la toxicidad y el uso de químicos en cultivos, desarrollar un fármaco para paliar alguna enfermedad, etc. El impacto positivo a la sociedad de soluciones como estas es inconmensurable. 

Entonces, la responsabilidad de que esas tecnologías efectivamente se conviertan en soluciones concretas a disposición de la sociedad es inmensa también. Lamentablemente las capacidades técnicas no son suficientes al momento de emprender. Cualquier organización requiere capacidades de liderazgo, gestión y, particularmente en el ecosistema startup, se requiere un balance dentro del equipo fundador respecto a capacidades comerciales y tecnológicas. Pero la buena noticia es que el ecosistema chileno ya cuenta con varios ejemplos exitosos y que este ecosistema de lifescience startup madura a pasos agigantados. 

Empresas de base tecnológica que han logrado ese balance, no solo existen (yei!), sino que además son muy bien valoradas (y valorizadas). Algunos ejemplos son Phage Technologies, Polynatural y Protera en el ecosistema local. Sus founders científicos sin duda en la experiencia de emprender tuvieron que enfrentar desafíos como aprender a validar el problema/solución, identificar y entender al mercado objetivo, aquel que efectivamente está dispuesto a pagar por la solución, definir canales de distribución o negociar alianzas, explorar modelos de negocio y tomar decisiones de foco con tecnologías que muchas veces tienen múltiples aplicaciones.

Sin duda, es un desafío ser científico y emprender en el mundo startup. Un equipo de founders balanceado en lo comercial y lo técnico será clave para el éxito del emprendimiento, rodearse de mentores emprendedores que puedan ser modelos de rol, estar paralelamente a las etapas de desarrollo tecnológico dedicándole tiempo a las actividades de validación en el mercado y tener una estrategia de propiedad intelectual. Todo ello es clave. Pero la buena noticia es que cada vez existen más oportunidades para apoyarse en este arduo camino, mientras el soporte institucional incrementa. Hay mucho que hacer por disminuir esta brecha entre el mundo científico y emprendedor, pero definitivamente esta aparente dicotomía se está desvaneciendo aún más.